Hace aproximadamente un año  estaba haciendo las maletas; entonces, fue un equipaje cargado hasta los topes (de esas que no se pueden cerrar)

En ella, todo lo que os podáis imaginar, pero además de todo eso, incertidumbre, dudas y muchos, muchos nervios…

Aquel era un billete de ida, pero de vuelta incierta.

Echando la vista hacia atrás me doy cuenta de todo lo que he cambiado en este año, probablemente uno de los mas intensos de mi vida.

Recuerdo cada día de aquel primer mes con perfecta claridad, todo lo que hice y la gente que conocí… algunos siguen en mi vida hoy en día y otros ya no tanto… pero cada uno de ellos fue especial en aquel momento, cuando todo era novedad, cuando todo eran intensas emociones… todos contribuyeron a que ese mes fuera inolvidable.

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Recuerdo también, aún en España, sentir el apoyo de mucha gente, pero a la vez, en el fondo de esas mismas personas, ese pensamiento del “no sabe lo que hace”

Aparentemente, y para la gente de mi entorno, todo lo que necesitaba estaba en Madrid, en España: familia, amigos, trabajo… pero yo no sentía lo mismo.

Comenzó como un eco… un sonido lejano que poco a poco fue cobrando más presencia, hasta que termino por calar muy dentro de mí.

Ese sentimiento de querer, y necesitar hacer algo distinto, algo nuevo que no entrara dentro de esa rutina que era mi vida.

Lo hice y creo que nunca me arrepentiré; hace un año comencé mi aventura, esa que hoy continuo viviendo en mi día a día.