Su tren salía a las seis de la tarde, era un día soleado de Septiembre y, como de costumbre, llegó antes de lo esperado.

No tenía sed, pero por hacer tiempo se acercó a una máquina de refrescos, compró una botella y se sentó entonces en uno de los fríos bancos de mármol que se repartían homogéneamente a lo largo del andén.

Esperaba ver  aparecer el tren a lo lejos en cualquier momento, aunque el reloj aun marcaba las cinco y media.

Con el paso de los minutos, la estación se fue llenando de gente inquieta yendo y viniendo…

Desde hacía unos meses, solo una cosa ocupaba su mente… había sido un verano lleno de intensas emociones, pero que llegaba a su fin.

Levantó la mirada un instante y creyó distinguir, una pincelada de color a lo lejos. Fue entonces cuando recordó su abrigo rojo, su perfume, su mirada y el tacto de su piel…

Sintió que los ojos se le humedecían, pero trató de contener sus emociones.

 

Quedaban escasos minutos para su partida y en un segundo, sin esperarlo, oyó una voz a su espalda pronunciando su nombre. No era posible, era ELLA. Su respuesta había sido un “SI”. En ese mismo instante llegó el tren, ese que les conduciría a una nueva vida, JUNTOS.